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Comodidad, belleza e historia

Hay tantos lugares con encanto para casarse a lo largo y ancho de España, que es difícil decantarse por uno u otro. Sin embargo, la historia del lugar, las vibraciones que desprenden los espacios o los olores y colores que percibimos, nos enamoran y permiten elegir ese lugar especial al que nos sentimos extrañamente conectados. Sandra y Jesús no lo dudaron y se dieron su «si, quiero» en el Palacio el Rincón situado en Aldea del Fresno (Madrid).

Un palacete construido en 1862 por el Duque de Santoña

El recinto está compuesto por el palacio con un estilo fortificado pero romántico, y de grandes superficies ajardinadas donde destacan las hortensias y los madroños, que hacen de los paseos todo un gusto para la vista y el olfato. Al acceder al Palacio, se puede palpar la historia a través del noble mobiliario, así como la decoración campestre. Una imponente escalinata de piedra se lleva toda la atención del visitante, bañada por la luz que entra por los ventanales, y que da acceso a las estancias de la planta superior.

Amplias suites de madera, piedra y telas aterciopeladas

Las estancias son perfectas para estar acompañado de la familia y amigos, puesto que son muy amplias y permiten libertad de movimiento, sobre todo si contáis con la ayuda de peluquería y maquillaje como fue el caso. Mientras Sandra terminaba de prepararse, Jesús bajó a uno de los jardines donde celebrarían la ceremonia para acoger y saludar a sus invitados. Para la espera de la ceremonia y combatir el calor de la tarde, los novios ofrecieron a sus invitados una exquisita y refrescante limonada.

Un cóctel entre árboles centenarios y cena al aire libre

Tras la emocionante ceremonia, los invitados pasaron a otra de las zonas ajardinadas del Palacio, compuesta por varias terrazas limitadas por grandes árboles que finalizan en otra sección de césped con una fuente de piedra, zona que los novios eligieron para cenar al aire libre, iluminada por luces de verbena típicas de las ferias de verano. Apostaron por la contratación de un trío de cuerda que amenizó toda la celebración y que ayudó a crear un ambiente más íntimo y sosegado.

Tras la cena, pudieron hacer su primer baile como «marido y mujer», y disfrutaron de lo que les quedaba de noche a ritmo de los graves de una disco móvil.

Y vosotros, ¿os casaríais en un palacio?